Se trata de dos reservas que se suman a las más de 1.000 hectáreas de humedales incorporadas durante la actual gestión de gobierno.
El Ministerio de Ambiente y Cambio Climático concretó este sábado la incorporación de dos nuevas Áreas Naturales Protegidas al sistema provincial: El Pindó y Jardín Florido, ambas ubicadas en el Departamento General Obligado. Con estas incorporaciones, la provincia suma más de 1.100 hectáreas de humedales protegidas durante la actual gestión de gobierno.
El Pindó y Jardín Florido son espacios que contribuyen a la conservación de la biodiversidad y al equilibrio ambiental de la región. Estas áreas albergan variedad de flora y fauna, y desempeñan un papel crucial en la regulación hídrica y la mitigación del cambio climático.
El ministro de Ambiente y Cambio Climático, Enrique Estevez, expresó: “Tenemos la responsabilidad de proteger nuestra biodiversidad, y sumar estos espacios al sistema de Áreas Naturales Protegidas es una de las maneras más efectivas de hacerlo. Santa Fe está atravesando una transformación histórica en materia de conservación, y cuanto más espacios se integren, mayor será el impacto y el legado ambiental que construiremos”.
El sábado se realizaron recorridas por los espacios incorporados y la firma de los convenios. De las firmas y las recorridas participaron Gustavo Puccini, ministro de Desarrollo Productivo; Cristian Marega, intendente de Villa Ocampo; Rubén Carlos Quain, intendente de Florencia; Alejandro Luciani, Secretario de Biodiversidad; Germán Falo, Subsecretario de Bosques y Áreas Protegidas; y Enrique Paduan, Subsecretario de Flora, Fauna y Pesca.
Los humedales
Los humedales son ecosistemas en los que el agua es el principal factor que controla el entorno y la vida vegetal y animal asociada al mismo.
Una definición amplia de humedales incluye los ecosistemas de agua dulce, los marinos y los costeros, como los lagos y ríos, los acuíferos subterráneos, los pantanos y marismas, los pastizales húmedos, las turberas, los oasis, los estuarios, los deltas y las marismas, los manglares y otras zonas costeras, los arrecifes de coral y todos los lugares creados por el hombre, como los estanques de peces, los arrozales, los embalses y las salinas.
Representan uno de los ecosistemas más valiosos de la Tierra, indispensables para los seres humanos y la naturaleza por los beneficios y servicios que proporcionan.
A pesar de que sólo cubren alrededor de 6% de la superficie terrestre, son el hábitat del 40% de todas las especies de plantas y animales.
Su diversidad biológica es crucial para la salud humana, el suministro de alimentos, el transporte y las actividades económicas que generan empleo, como la pesca y el turismo.
Los humedales son vitales para los seres humanos, para otros ecosistemas y para nuestro clima, proporcionando servicios ecosistémicos esenciales como la regulación del agua, incluyendo el control de las inundaciones y la purificación del agua.
Más de 1000 millones de personas (una octava parte de la población terrestre) que viven en zonas rurales y urbanas de todo el mundo dependen de los humedales como medio de subsistencia.
¿Por qué están en peligro?
A pesar de estos grandes beneficios, los humedales son unos de los ecosistemas que sufren mayor deterioro, pérdida y degradación, y se prevé que esta tendencia negativa continúe como consecuencia del rápido crecimiento de la población, la producción y el consumo insostenible, el desarrollo tecnológico y el cambio climático.
Con una pérdida del 35% a nivel mundial en los últimos 50 años comenzando en 1970, los humedales son nuestro ecosistema más amenazado, desapareciendo tres veces más rápido que los bosques.
Entre las actividades humanas que provocan la pérdida de humedales están el drenaje y relleno para usarlos para agricultura y construcción, la contaminación, la pesca excesiva y la sobreexplotación de recursos, las especies invasoras y el cambio climático.
Este círculo vicioso de desaparición de humedales, medios de sustento amenazados y agudización de la pobreza es el resultado de una forma de pensar que, de forma errónea, ve los humedales como meros terrenos baldíos en lugar de considerarlos fuentes de vida, empleos, ingresos y servicios ecosistémicos esenciales.
Uno de los retos clave pasa por cambiar la mentalidad de la gente y alentar a los gobiernos y a las comunidades a valorar y priorizar los humedales.