San Javier, 3 de diciembre – En una emotiva y concurrida Santa Misa celebrada en el marco de la Fiesta Patronal a San Francisco Javier, Monseñor Matías Vecino centró su homilía en el profundo significado del «Mandato Misionero» de Jesús y su resonancia en la vida de la comunidad de San Javier. La celebración, que tuvo lugar este 3 de diciembre, congregó a fieles que expresaron su devoción de diversas maneras.
La devoción como «Necesidad Imperiosa» y no como obligación
Monseñor Vecino inició su reflexión recordando el mandato de Jesús resucitado a sus discípulos: «Vayan por todo el mundo, anuncien la buena noticia…». Si bien este encargo podría parecer irrefutable al venir de Cristo resucitado, Monseñor invitó a una introspección más profunda sobre la naturaleza de la fe activa.
»El tema es hasta que uno no lo asuma personalmente, es como que siempre vamos a estar buscando excusas para no hacerlo,» advirtió Vecino, haciendo hincapié en la tendencia humana a rechazar o posponer los mandatos.
El punto central de su mensaje fue el contraste entre una obligación impuesta y una convicción interior. Monseñor Vecino citó al Apóstol Pablo, quien no anunciaba el Evangelio por iniciativa propia u obligación, sino porque era para él una «necesidad imperiosa». Hizo un paralelismo con el profeta Jeremías, preguntando: «¿Cómo me voy a callar? No puedo, tengo adentro mío un fuego que clama por salir».
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San Javier como ejemplo de fe voluntaria
Monseñor Vecino destacó el testimonio de los presentes en la festividad como la encarnación de esta «necesidad imperiosa». La masiva manifestación de cariño y devoción a San Francisco Javier no fue resultado de un precepto o una imposición.
»Nadie los obligó a manifestar todo el cariño hoy a San Francisco Javier… Nadie los obligó a venir caminando… a subirse a una lancha, a estar acá presentes,» señaló. «Lo sentimos porque es parte de nuestra identidad, de lo que somos, de nuestro pueblo, de nuestras raíces, de nuestra historia. No nos queda otra más que estar acá…».
Para Monseñor, la presencia y el fervor de la gente representan el acto de asumir la fe no como un deber, sino como una «necesidad de estar acá» para compartir y celebrar con otros la fiesta que es de todos.
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