Un estudio científico detecta niveles críticos del metal en niños de zonas rurales de nuestro departamento. La munición usada para la caza es la principal causa.
Una investigación publicada en la revista Ecotoxicology and Environmental Safety encendió las alarmas en el Litoral argentino. El trabajo, liderado por los científicos Andrea Caselli, Valentina Fernández, Ayelén Muchiutti, Ralph E.T. Vanstreels, Martín Santiago y Marcela Uhart, reveló elevados niveles de plomo en sangre en niños de áreas rurales de San Javier, Santa Fe. El hallazgo está directamente vinculado al consumo frecuente de carne de fauna silvestre.
El origen del veneno silencioso
La fuente de contaminación principal son los perdigones de plomo utilizados en la caza dentro de los humedales. Retirar los proyectiles visibles o cortar las partes dañadas antes de cocinar no elimina el peligro. Las municiones se fragmentan en micropartículas microscópicas que se expanden por toda la carne del animal.
Las especies analizadas en la dieta infantil
Pato: Integra el 77% de las dietas evaluadas. Al ser pequeño, las esquirlas se esparcen por todo su cuerpo. Además, las aves tragan perdigones del fondo de las lagunas al confundirlos con comida.
Carpincho: Presente en el 51% de los casos analizados. Acumula el metal mediante el impacto del disparo y por el consumo de pasturas expuestas.
Nutria o coipo: Aparece en el 46% de las dietas infantiles. Su exposición es elevada debido al contacto permanente con sedimentos contaminados.
Efectos devastadores en la salud pública
El plomo actúa como una neurotoxina destructiva que se acumula en el organismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que no existe una concentración de plomo en sangre que sea segura. En la infancia, los daños afectan directamente el desarrollo del sistema nervioso.
Frente a esta crisis socioeconómica y ambiental, organizaciones del Litoral exigen prohibir la munición tradicional. La meta urgente es reemplazarla por alternativas ecológicas para proteger a las comunidades rurales.